La felicidad es el estado natural de todos nosotros y por alguna razón la hemos colocado en el afuera, la hemos condicionado a algo. «Cuando yo tenga ese algo, cuando yo solucione ese problema, cuando mi jefe, socio o X persona cambie, yo seré feliz» (¡JA! ¡Pero super JA!)

Querer más en la vida, querer conseguir cosas, objetivos, querer ganar más es fantástico y maravilloso, pero creer que ESO nos va dar la buscada felicidad y la paz del mismísimo Dalai Lama es un error. Compruébalo tú. No me creas, haz la prueba.

Yo solía pensar de esa manera. Pensaba que cuando logrará ganar la cantidad de dinero que me había propuesto sería más feliz. Pensaba que cuando solucionara el conflicto que tenía  con una persona de mi círculo íntimo sería feliz, y por fin llegaría la paz a mi vida. Pensaba que cuando dejara ese trabajo por fin, ahora sí que sí sería feliz…

Bueno, y lo cierto es que en algunos casos como en dejar un trabajo sí que sentía ciertos destellos de felicidad y paz, pero ahora sé que esos destellos eran  fruto de haberme escuchado y haberme respetado cuando un año atrás me empezaron a saltar todas las alarmas, y aún así me costó todo un año mirar en mi interior qué estaba pasando.

En otros casos, a pesar de conseguir lo que deseaba, lo que perseguía con tanta vehemencia, no lograba sentir la deseada tranquilidad y felicidad cuando por fin el objeto de mi deseo era mío. En la neurosis que estaba viviendo llegué a estar muy molesta conmigo misma porque había conseguido algo que seguramente deseaba mucha gente, y no me sentía feliz. Entonces llegaba a la conclusión de que debía conseguir X logro nuevo que me faltaba y que por eso no me sentía feliz…

Y así empezó mi persecución sin tregua de la felicidad. Debía hacer más cursos, meditar más, más deporte, leer más libros, irme a la India….. «Sí, irme a la India seguro que me dará la felicidad» – decía por aquel entonces.

Lo cierto es que todo eso me ayudó y mucho pero ni de broma me acercó a la verdadera felicidad…. Y pronto descubrí que la verdadera felicidad es un estado que muy poco o nada tiene que ver con el afuera.

La vida con su infinita sabiduría y en un giro dramático debió decir «Bueno, a esta rubia pesada que no hace más que pedir, vamos a darla todo lo que pide y a ver que pasa» (vamos, a ver si aprendía) 

Y me lo dio. Leía los cuadernos en los que había escrito una y otra vez lo que quería y al cabo de meses en algunos casos, años en otros, veía que lo había logrado. Me sentía como que había desbloqueado un súper poder (que BTW tenemos todos, es cuestión de trabajarlo)

Y entonces, la vida decidió que era hora de pasar de pantalla. Y así pasé de «Libera tu súper poder y consigue lo que quieras» a «De dónde viene toda esta tristeza y qué coño hace aquí»

En aquella época, ni por asomo (aunque yo lo veía de reojo) quería acercarme a la idea de que todo lo que había conseguido no me estaba dando la felicidad, ni mucho menos a la idea de que el hecho de conseguir lo que yo quería, me libraría de problemas o desafíos futuros en mi vida.

Y así es como no me quedó otra que meter mi cabeza en el caparazón cual tortuga y descubrir dónde estaba mi felicidad y qué me estaba alejando tanto de ella. Y no, no es no conseguir ni perseguir lo que uno desea. A día de hoy sigo persiguiendo mis deseos, mis sueños, poniendo en práctica todo lo que aprendí en aquella pantalla «Libera tu super poder» pero ya sabiendo que ahí no reside mi felicidad.

La felicidad es algo que solo nos podemos proveer nosotros y tenemos que darnos cuenta que nosotros somos los únicos y últimos responsables de ella, y que en nuestro día a día a veces hacemos cosas que nos alejan de ese estado.

 

Vamos a ver algunas de las cosas que hacemos a diario que nos complican un poco el entrar en ese estado.

 

10 cosas que haces a diario y te están alejando de la felicidad

 

Juzgarte

A menudo creemos que nos estamos observando e incluso analizando, pero en realidad nos estamos juzgando y de una manera bastante heavy. En lugar de analizar y comprender el para qué de determinado comportamiento nuestro, damos vía libre a nuestro incansable juez interior y nos acabamos identificando con un comportamiento.

«Soy imbécil», «No sirvo para nada», «Qué vago soy», son algunas de las cosas que nos empezamos a repetir todo el rato y al final la factura a pagar es muy cara ¿No es mucho mejor tratarnos con un poco más de suavidad y toneladas de comprensión? ¿No es acaso mejor utilizar nuestro lenguaje y nuestras palabras de un modo menos lesivo para nuestra autoestima y nuestra paz interna? Es mucho mejor un «Vaya, hoy no he conseguido acabar lo que me había propuesto» y desde ahí analizar y comprender qué ha pasado para que no hayamos hecho X cosa, a «Soy un inútil, no valgo para nada»

Cuando logras comprender desaparece el juicio y dejas de identificarte con tus comportamientos.

A veces caemos en la trampa de «Tengo que cambiar esto en mí, tengo que cambiar esto otro, esto que hago no me gusta….» y así aprovechamos a sacar la fusta entre cambio y cambio, cuando lo cierto (es una opinión mía) es que no hay nada malo en ti, me atrevería a decir que no hay nada que cambiar en ti, solo necesitas recordar quién eres y de lo qué eres capaz, y desde ahí la transformación llegará sola. Y para llegar a este punto es imprescindible conocerse, el autoconocimiento, y empezar a elevar nuestro nivel de consciencia.

 

Juzgar a los demás

Otra cosa que se nos da de maravilla, la fiesta non-stop del ego.

Una cosa es señalar algo a alguien o dar un feedback y otra muy diferente es juzgar. Juzgar siempre lleva consigo una emoción.

No es lo mismo que tú me preguntes si me gusta la camisa que llevas y yo te diga que no, a que yo te diga ¡No sé cómo puedes llevar esa camisa! Esto último es un juicio.

Juzgamos a los demás porque nos creemos mejores que ellos, cuando realmente no tenemos ni idea de la vida de esa persona ni por lo que está pasando. No estamos en sus zapatos, no estamos en su piel y aún así les decimos a los demás «Si yo fuera tú, haría esto o aquello» Pues no, si yo fuera tú haría exactamente lo mismo que tú, porque tendría tus mismos mapas mentales, tus mismos patrones, etc….

No juzgar a alguien no es estar de acuerdo con lo que hace, no es permitir que los demás traspasen nuestros límites personales… No juzgar es aceptar las cosas y a las personas tal y cómo son y entender que tú no puedes hacer nada para cambiar aquello que no te gusta del otro, lo único que puedes hacer, (que lo es todo) es hacer tú algo al respecto, por ejemplo, alejarte de esa persona si es lo mejor para ti, gestionar lo que te hace sentir esa persona cuando se comporta de determinada manera, ver que botoncito sagrado te está tocando esa persona, ver que te está mostrando el otro de ti.

 

 

Querer tener control sobre todo

Esto cuesta y nos cuesta mucho.

Darnos cuenta de que no tenemos control sobre todo, es muy necesario… Esta obsesión que tenemos por querer dirigirlo todo es una fuente inagotable de sufrimiento.

No, no podemos ni tenemos ningún control sobre las cosas que nos suceden ni mucho menos tenemos control alguno sobre los demás, sobre lo que hacen o dejan de hacer. Lo único que podemos hacer es la gestión que hacemos nosotros de lo que nos sucede o de cómo nos afectan los comportamientos de los demás.

Contra el control, aceptación.

 

Culpabilizarte

Esto se nos da de maravilla.

¡Venga a la culpa! ¡Por mi culpa, por mi culpa por mi GRAN culpa!

Cometemos un error ( o lo que nosotros creemos que es un error) y ya está la fiesta de la culpa montada, y si el error en cuestión pasó hace 675 años, mejor, más culpa sentimos. Cuanto más tiempo hace que pasó el asunto que tenemos entre manos, mucho mejor, así podemos sentir cantidades ingentes de culpa y lamentarnos de que ya nada podemos hacer para rectificar o arreglar aquello. Y rizando el rizo, si hay implicada una persona que queremos o admiramos mucho, te sacas el Master de «Qué asco doy» y te convalidan media carrera de «Juicio Extremo. Amárgate el resto de tu vida» y dos asignaturas de «He perdido la oportunidad/hombre/mujer de mi vida»

Mira, errores hemos cometido todos, culpabilizarte por cada uno de tus errores o lamentarte porque no gestionaste bien algo, no aprovechaste aquella oportunidad o hiciste algo que te hizo perder a alguien querido, no vale de nada. Repito, NO VALE DE NADA.

La culpa es útil y necesaria para aprender algo para la próxima vez, y siempre y cuando logres comprenderte con amor y autoempatia, y llegues a saber para qué te comportaste así. Y vuelvo a repetir, PARA QUÉ TE COMPORTASTE ASÍ Y NO POR QUÉ.

La culpa y el error nos tienen sometidos.

Está bien tomar responsabilidad por lo que hemos hecho y aceptar las consecuencias de nuestros actos, pero de ahí, a entrar día y noche en el bucle de la culpa y empezar a rumiar lo mal que lo hicimos, hay un mundo y la diferencia es tu bienestar.

¿Has hecho algo «mal»? Bienvenido al club

A mí hay una frase que me digo cuando me veo que entro directita al bucle que me funciona de maravilla y actúa como si me tomará 35 lexatines de golpe, y es….. «En aquel momento, eso que hice me parecía buena idea, de hecho me parecía la mejor idea ever«

Cuando nos comportamos de determinada manera estamos «arreglando» algo. Tu comportamiento, ese que tanto te limita, está solucionando algo. Ahora, las respuestas son tuyas y solo las conoces tú ¿Qué estás arreglando con ese comportamiento? ¿Que necesidad estás cubriendo con ese comportamiento? ¿Tal vez sentirte querido/a, cuidado/a, significante? Una vez más, el autoconocimiento es fundamental para transformar en ti lo que tú quieras (y sí, lo sé, soy una talibán del autoconocimiento), pero es que, sin autoconocimiento no hay nada.

Y…. ¡Gestiona tu culpa convirtiéndola en un Aha moment! en lugar de llevarla como un peso muerto atada a tus pies!

 

No sonreír

Sonreír. Un acto que puede cambiarlo todo.

Sí, a veces cuesta, especialmente cuando estamos pasando una época no muy buena. Además estamos acostumbrados a sonreír solo cuando tenemos una razón para ello o cuando nos cruzamos con alguien (y a veces ni eso). Si te arriesgas a salir a la calle sin los auriculares en los oídos y la música a tope o a ir en metro sin tu mirada clavada en el móvil, verás que nos movemos por la vida serios, muy serios.

Es realmente mágico los cambios que se producen en nosotros cuando sonreímos sin más, sin razón alguna, incluso en la intimidad de nuestra casa cuando estamos solos.

Pruébalo. Sonríe. Empieza sonriendo con tu boca, sonríe con tus ojos, sonríe con tu corazón, con tu estómago. Imagina todos tus órganos sonriendo. Imagina cada una de tus células sonriendo. Es mágico.

 

No preguntarte a lo largo del día cómo estás y qué necesitas

A lo largo de nuestro día vamos a una velocidad de vértigo y llenamos nuestras agendas con mil cosas por hacer, no vaya a ser que tengamos 15 minutos libres y nos dé por mirar adentro y preguntarnos cómo estamos, y descubrir que tal vez estemos sintiendo algo de tristeza sin saber porqué o que tal vez nuestra relación no esté tan bien como nosotros creemos.

Nos cuesta mucho escucharnos, y cuando fugazmente oímos una vocecilla que nos dice ¡Qué bien me vendría un paseo ahora! ¡Me daría un baño calentito! ¿Qué hacemos nosotros? La ignoramos. Estamos demasiado ocupados para eso.

 

 

Viajar al pasado y quedarte a vivir ahí

Este viaje, que nos encanta hacer, es especialmente peligroso cuando estamos pasando una mala racha. Nos vamos al pasado y empezamos a comparar nuestra vida actual con la pasada, y cómo ni somos objetivos, ni vemos todo el mapa, empieza un sufrimiento sin tregua.

Y es entonces cuando nos quedamos a vivir allí, queremos traer a «muertos vivientes» de nuestro pasado, queremos volver a vivir en aquella casa o volver a sentir aquello que sentimos una vez.

¿El pasado es útil? Sí, como lugar de referencia no de residencia. Ve al pasado a recuperar, a recordar fortalezas que usaste en determinado momento y has olvidado que tienes. Ve al pasado para repasar como conseguiste determinada cosa e imítalo en tu presente.

 

Creer que tu felicidad depende de algo o de alguien

Esto es la madre de todas las creencias absurdas que nos han vendido y nosotros hemos comprado. No, la felicidad no es un ente pululando por ahí en el afuera.

Y si pones tu felicidad en manos de algo o de alguien pueden pasar dos cosas:

  1. Que te des cuenta que conseguir ESO no te ha dado la felicidad ansiada (Esta es la mejor de las opciones)
  2. Que al poner toda tu felicidad en manos de algo o de alguien, cuando ese algo o alguien no estén, te sientas la persona más desgraciada del mundo y encima actúes como tal.

 

 

 

Irte al futuro y no hacer el camino de vuelta a casa

Ir al futuro es maravilloso y necesario a veces, especialmente si quieres visualizar algo que quieras conseguir. Para fijar metas y objetivos es indispensable ¿Pero qué pasa cuando no volvemos al presente? Que no nos accionamos y nos quedamos en la tierra de los sueños o algo peor… Nos instalamos en el futuro y empezamos a sentir mucha ansiedad porque empiezan los «Y si»… «Y si no logro eso» ,»Y si no vendo» ,» Y si no tengo dinero para pagar aquello» ,»Y si me pasa algo malo», «Y si me deja» ,»Y si me despiden»… Y así podríamos seguir día y noche.

¿Realmente tiene sentido que nos preocupemos de una manera totalmente exagerada por el futuro cuando ni siquiera tenemos certeza (ni control BTW) de si vamos a estar vivos la siguiente hora de nuestras vidas? Pues no, no tiene ningún sentido. Es mucho mejor vivir el momento, el ahora… Y aprovecharlo.

 

No agradecer

Agradecer es otra de las cosas mágicas que se nos olvida a menudo hacer.

Por muy malos días que pasemos siempre hay algo (por pequeño que sea) que agradecer.

La gratitud es una de las cosas que más nos conectan a nuestro poder personal y además es magnética, cuanto más gratitud sientas más cosas empezarás a ver en tu vida por las que estar agradecido. Eso sí, no se trata de repetir como un papagayo «Gracias, gracias, gracias» si no de sentirla… Esto marca la diferencia.

Como dijo John F. Kennedy, «Cuando expresemos nuestra gratitud nunca debemos olvidar que el reconocimiento más grande no está en pronunciar las palabras, sino en vivirlas»

 

La felicidad no creo que haya que perseguirla. La felicidad (según lo que yo he experimentado) es un estado que se da naturalmente cuando nos vemos a nosotros, al que tengo enfrente y al mundo que nos rodea con una mirada totalmente diferente, y hay muchas cosas que hacemos a diario que hacen que ese estado no se dé.

 

Prueba y juega. Diviértete probando qué cosas que  haces TÚ a diario te mantienen en un estado de incomodidad.

Yo no soy una experta en felicidad, pero en lo que yo he vivido, cuando he logrado sentirla no había pasado nada en el afuera para que yo sintiera esa felicidad. Es más, las veces que la he sentido de una manera más heavy, mi «afuera» estaba muy, pero que muy alejado de la estabilidad.

Realmente me es muy difícil de explicar con palabras esa felicidad… Era como sentir que todo estaba redondo, que todo estaba perfecto. Acabando este post me he dado cuenta que esa felicidad de la que hablo era como sentir una confianza muy bestia en la vida… Un estado de flow…

Y tú ¿Cómo sientes TU felicidad?

 

 

 

 

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