De las múltiples inteligencias que tenemos, la  inteligencia emocional es la más importante.

Una vez más, el desarrollarla y entrenarla pasa por el autoconocimiento (sí, quién se haya pensado que puede irse de esta vida sin aprobar esta asignatura lo lleva claro).

La inteligencia emocional ha de ser entrenada día a día. Y el entrenamiento, como no puede ser de otra manera, pasa por la práctica continuada.

La inteligencia emocional es la capacidad para identificar, entender y gestionar las emociones correctamente, y cuando digo correctamente me refiero a qué obtengamos el resultado que deseamos, de un modo que facilite las relaciones con los demás, la consecución de objetivos y metas, el manejo del estrés o la superación de obstáculos.

Las personas con  inteligencia emocional no es que no experimenten emociones negativas, sino que, cuando aparecen, saben manejarlas. Tienen capacidad para identificarlas, entenderlas, tienen autocontrol y son capaces de modificar su estado emocional, y también  capacidad para identificar qué sienten los demás (empatía).
 
Ojo, no nos llevemos a engaños, a no ser que seas un ser súper iluminado, no siempre vas a poder gestionar tus emociones y hacer gala de una inteligencia emocional de 10 todo el rato, por lo menos, así de entrada, porque sí o sí hay situaciones en la vida que en un primer momento nos van a superar.

Los pilares de la Inteligencia Emocional

Los pilares básicos de la Inteligencia Emocional son 5. Es decir, tu Inteligencia emocional se sustenta en estas cinco habilidades prácticas:

Y recuerda, que los valores no son estáticos, van cambiando en el transcurso de nuestra vida. Y tienes que conocer cuáles son tus valores de verdad, sin mentirte y sin nombrar los valores que tiene todo el mundo. Solo tú tienes que conocer tus valores, así que sé honesto contigo mismo.

 

¿Qué es la Inteligencia Emocional?

Podríamos definir la inteligencia emocional como el recorrido que vamos a hacer en el siguiente orden por las siguientes etapas:

 

Conociendo a la emoción

 

Una emoción es movimiento, energía, acción.

[ctt template=»3″ link=»H7YU3″ via=»yes» ]Una emoción dura tan solo 90 segundos, si dura más es porque la estás tú sosteniendo con tu pensamiento.[/ctt]

La emoción comienza con un estímulo, que puede ser un pensamiento, un deseo, una cosa, una persona, un evento, o que alguien nos toque un botoncito de esos que tenemos secretos. Ese estímulo va a disparar una fisiología, esto ocurre en un nivel totalmente inconsciente, y va a ir en aumento hasta que llega al nivel consciente, es decir, se manifiesta, somos conscientes, nos damos cuenta de que, por ejemplo, estamos enfadados.

Por lo tanto podemos decir que existen dos periodos en la emoción: Uno inconsciente y otro consciente.

En el período inconsciente aunque no nos demos cuenta de ello la emoción ya se está manifestando en nosotros, ya está teniendo la emoción control sobre mí y no me estoy enterando de NADA, NADITA, NA-DA. Es en este período donde ocurre la represión.

Por eso es tan importante para desarrollar nuestra inteligencia emocional conocernos, conocer nuestros procesos emocionales y en la medida de lo posible conocer qué reprimimos y observar nuestros patrones de conducta, aquellos que van en piloto automático y que nos conducen a resultados no deseados.

 

¿Por qué reprimimos nuestras emociones?

Dentro de nosotros tenemos unos personajes como nuestro querido implacable juez interior, el inesperado autosaboteador, creencias, límites, mandatos sociales, mandatos familiares, etc… que actúan como jueces supremos, represores y censores. Estos personajes nos dicen lo que está bien, lo que está mal, lo que es aceptable y lo que a su entender es inaceptable e intolerable.

Cuando experimentamos una emoción, como hemos dicho anteriormente, antes que se manifieste a nivel consciente, se va a manifestar a un nivel inconsciente hasta llegar a un punto de manifestación externa y nos demos cuenta de que, efectivamente estamos tristes, enfadados, iracundos…

Un punto de manifestación externa… si es que llega claro, porque nuestros queridos amigos los censores son los que van a decidir si la emoción se va a manifestar en el nivel consciente, es decir, nos vamos a dar cuenta de esa emoción o por el contrario esa emoción no es aceptable, es mala, y por lo tanto ellos deciden que hay que guardarla en el cajón del subconsciente y reprimirla, negarla, y que nadie se de cuenta que estamos tristes claro, a ver si encima nos van a tachar de tóxicos. Y aquí tenemos ya la fiesta montada, porque el cajón no está cerrado con siete llaves, cuatro combinaciones numéricas, dos alfanuméricas…. No, no, no, el cajón no tiene ni una triste contraseña y encima cierra mal… en el momento menos indicado y con la persona menos indicada el cajón explota.

 

¿Cómo gestionar nuestras emociones?

La gestión emocional no es ni negar, ni reprimir, ni tapar una emoción ni no querer sentir lo que estoy sintiendo, ni juzgarla.

Cualquier aumento, transformación o moderación de una emoción se puede definir como gestión emocional, según lo que queramos conseguir haremos una cosa u otra.

Gestionar las emociones es básicamente elegir conscientemente que es lo que vamos a hacer con esa emoción en función de lo que queramos conseguir, y conocer nuestros procesos emocionales para evitar que se produzca un secuestro emocional y esa emoción nos conduzca a un escenario que no es el deseado.

Por ejemplo, si yo estoy en medio de una discusión contigo y siento ira porque me estoy enfadando y te tiro lo primero que pille o te insulto, me burlo de ti, te manipulo, te amenazo, me río de ti, utilizo la ironía y el sarcasmo para decirte algo, etc… estoy haciendo un pésimo uso y manejo de mis emociones porque el escenario al que me va a llevar esa gestión emocional es uno en el que no deseo estar. Estoy haciendo uso de la violencia, porque esto es violencia.

Si yo, en medio de esa discusión soy capaz de observar las señales que me envía mi cuerpo (empiezo a tener calor, cierro los puños, aprieto los labios, siento que mi cuerpo quiere moverse) ahí ya puedo actuar para evitar saltar, y cuanto antes actuemos mejor.

Me permito sentir la emoción pero no lanzarla contra nada ni nadie. Tienes todo el derecho del mundo a sentirte furioso, triste, ansioso, rechazado o abandonado pero no a dañar a nadie por ello.

En esta situación, me retiro, me muevo, salgo de la habitación o de la casa, si puedo hago algún tipo de ejercicio explosivo tal como sprintar, hago algo que implique un cambio brusco de temperatura (ducha fría o me lavo la cara con agua helada), me repito «Esto es sólo una emoción, solo una emoción y no puede tener control sobre mí». Saco la emoción sin dañar a nadie (ojo, ni a mí mismo).  Aquí ya estoy interrumpiendo mi pauta fisiológica

Paso a observar qué historia me estoy contando, en qué estoy pensando, qué rumio ¿Qué está alimentando esa emoción? Escucho y observo mi diálogo interno, e intervengo, lo reencuandro.

El siguiente paso es identificar que estoy sintiendo ¿De todas las emociones posibles cuál de ellas estoy sintiendo? Probablemente sea más de una, cuanto mayor vocabulario emocional conozcamos más fácil nos va a resultar identificar lo que estamos sintiendo y nuestros procesos emocionales.

Siguiendo con el anterior ejemplo seguiríamos esta senda:

Aquí podríamos seguir tirando del hilo y buceando en un nivel más profundo

 

Este ejercicio es bastante poderoso, porque no sólo te va a ayudar a identificar tus emociones sino que también tal vez te topes con tus creencias, pensamientos, patrones de conducta y acabes recopilando un montón de información sobre ti y sobre tus procesos que sin duda alguna te va a ayudar.

 

 

¿Por qué es tan importante desarrollar la Inteligencia Emocional?

 

 

A día de hoy seguimos viviendo en un mundo en el que cuando hablas de emociones hay gente que te mira como si fueras un extraterrestre. Seguimos pensando que mostrar emociones es sinónimo de ser vulnerable, débil o peor aún, de estar descontrolado… y no es así.

 

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